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Full text of "Virginia Brindis De Salas Pregon De Marimorena"

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VIRGINIA BRINDIS DE SALAS 




MARIMORENA 



SEGUNDA EDICION 
MONTEVIDEO-! 95 2 



PREGON DE MARIMORENA 




PREGDN DE 
MARIMDRENA 



★ 



No he de callar, por más que con el dedo, 
ya tocando la boca o ya la frente, 
silencio avises o amenaces miedo. 

QUEVEDO 




Queda hecho el depósito 
que marca la ley 

☆ 

Derechos exclusivos de la 

SOCIEDAD CULTURAL EDITORA INDOAMERICANA 

☆ 



Prohibida la reproducción 



★ 



PRINTED IN URUGUAY 




VIRGINIA BRINDIS DE SALAS 



PREGON DE 
MARIMORENA 

(POEMAS) 

★ 

PROLOGO DE 

JULIO GUADALUPE 



★ 

SEGUNDA EDICION 



SOCIEDAD CULTURAL EDITORA 
INDOAMERICANA 



MONTEVIDEO 



19 5 2 




Dedicado al Dr. Oscar Goldie 
Arenas y Sra. Elsa Zum Felde. 




PROLOGO 



VIRGINIA BRINDIS DE SALAS Y SU POESIA 
REALISTA 

“Eso de racista está siendo una palabra confusa, y hay 
especial porque pertenezca a una raza o a otra; dígase hom- 
bre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, 
que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho 
no es inferior ni superior a otro hombre; peca por redun- 
dante el blanco que dice : “mi raza” ; peca por redundante el 
negro que dice: “mi raza”. Todo lo que divide a los hom- 
bres, todo lo que especifica, aparta o acorrala, es un pecado 
contra la humanidad”. 

José Martí, el héroe inmortal del pueblo cubano, ya en 
su tiempo combatía enérgicamente, como queda demostrado 
en la iniciación de este prólogo, el racismo individualista tan 
pernicioso en éstos como en aquéllos tiempos. Se ha dado en 
llamar “negroide” o “negrista” a un nuevo impulso literario 
genuino de América, que si bien no logró atraer a la totali- 
dad de los intelectuales del Continente, ha logrado que buena 
parte de ellos, y en honor a la verdad los más destacados, 
hayan dedicado — blancos y negros — repetidas veces, obras 
voluminosas a un viejo y siempre renovado problema inter- 
continental: el negro. 

Y no es nada extraño que novelistas como Jorge Amado, 
Manuel del Cabral, Waldo Frank, Gilgilbert, Germán Arci- 
niegas, Rómulo Gallegos, Richard' Wright, etc. ; y poetas co- 
mo Graciela Amador, Pales Matos, Nicolás Guillén, Cullen, 
Lansgton Huges y otros, hayan tratado con toda intensidad, 
y de su preferencia, todos los aspectos político-social en que 
se mueve el negro — digno componente de la masa proleta- 



— 7 — 




ria del Universo — pleíórico de angustias y desazones, con- 
juntamente con sus hermanos de todas las razas. 

Ya lo dijo Martí: “Hombres; no razas”. 

Y es así que en nuestro medio — carente de obra litera- 
ria que coadyuve con el ser de color a tronchar prejuicios 
abolir así el complejo de inferioridad — aparece un tomo de 
(segunda esclavitud del Ser relegado) de ambas partes, y 
poemas: “Pregón de Marimorena” que revela a una verda- 
dera poeta: Virginia Brindis de Salas. 

En la República está muy acendrado el ORGULLO DE 
NEGRO. Y es preciso que esta obra llegue a todos sus ám- 
bitos. Para que el negro acicale su alma. Bien es cierto que 
Virginia Brindis de Salas en su “Pregón de Marimorena” 
hace una obra para la multitud, tratando además indirecta- 
mente el sentido social que divide a sus hermanos del con- 
junto de razas que pueblan el orbe. Y lo hace así cuando 
exclama en una de las más precisas de sus baladas, “Cris- 
to Negro”: 

Metralla contra metralla 
“que amor con amor se paga”. 

¿Un camello? Ojo por ojo; 

;a qué parábolas del cielo? 

La idea material es carne en los versos de Virginia Brindis 
de Salas. Sin metáforas, sencillos; y como el lector ha de 
apreciar cuando se interne en el libró, los hallará plenos de 
realismo, y sin utopía. 

Puede verse como cambia de tono en la misma balada, 
haciéndolo en forma de arenga : 

Cristo negro manoseado 
por la audacia y por la fuerza, 
dejarás tu mansedumbre 
de cordero y tu vergüenza. 

Virginia Brindis de Salas, primera y única poeta negra 
— hasta el presente — que con esta obra sale del anonimato, 
es además la primera poetisa del Río de la Plata que al igual 
que Selva Márquez, supo aislarse — en toda la trayectoria de 



— 8 — 




su libro inicial — de lo ñoño sentimental en que fueron pró- 
digas la mayoría de las poetas americanas o que bien siguie- 
ron los pasos del romanticismo íntimo de Delmira Agustini, 
Eugenia Vaz Ferreyra y Alfonsina Storni. 

'‘Pregón de Marimorena” contiene en su volumen poe- 
mas de trascendencia poética como social. 

Decía más adelante que Virginia B. de Salas desando el 
camino emprendido por casi la mayoría de las mujeres poe- 
tas que bebieron en la fuente de las románticas sentimenta- 
les que las precedieron. 

Y es por ello — por su realismo nuevo — que está muy 
próxima a Clara Béter y muy distante de las becquerianas y 
lo rectilíneo de la vieja escuela, valga la paradoja del crítico 
de su oportunidad. 

LAS INFLUENCIAS SON EN CIERTO MODO 
DESAZONES DEL ESPIRITU. Y, en este caso, la única 
influencia que haya recibido Virginia Brindis de Salas, es 
la forma y costumbre, captadas en la vida del pueblo; en el 
medio en que se desarrollan las penurias de sus hermanos 
de abajo. 

Y en la defensa de la multitud oprimida nuestra poeta 
es consecuente y práctica, sencilla : 

¿Que yo soñé en los caminos 
como Antonio y Federico 
y Nicolás del Caribe 
y Pales de Puerto Rico? 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 



Hay quien vive para comer 
y quien come para vivir ; 
quien ve para creer 
y quien lucha para sufrir. 

Reflejan estos versos que pertenecen a otra de sus ba- 
ladas que intitula: “Es verdad, si señor”, un espíritu páli- 
do de poeta que ama al prójimo sin la rebarba hipócrita con 



— 9 — 




que acostumbran o pretenden congraciarse ciertos líricos 
que andan a tientas por el camino, con los ojos vendados 
con el árido y difícil oficio de poeta. A ellos dedica su otra 
balada: “La Hora del Mundo en que Tú Duermes” : 

Es hora de dejar libres 
pasiones y ocios mentales. 

Amigo bulle mi sangre 
mientras la tuya se estanca; 
quítate la venda, quítate. 



Busca perlas en la luna 
en su luz anacarada 
baja tu vista a la tierra 
que ella da luz escarlata. 

Poeta revolucionaria que en cierto momento se despoja 
de su yo femenino; a ratos nos hace recordar a esa formi- 
dable poeta de la Revolución mexicana: Graciela Amador 
cuando dice: 

Y es que la Revolución 
desde nuestra Independencia 
no ha cesado de latir 
dentro de cada conciencia. 

Tenemos que aceptar a Virginia Brindis de Salas como 
aceptamos a Graciela Amador. Aquélla es creadora de PRE- 
GONES y TANGOS, que son dirigidos a todos los seres 
del llano, y es en sus pregones donde deja escapar de sí 
misma un vibrante apostrofe que los magnates de la pren- 
sa rotativa mercantilista no podrían refutar en ningún ins- 
tante. Pregón N 9 2: 

Oigan políticos, 
periodistas, 

que aquí hacen gordas sus vistas, 

pues miren como ha vivido 

Marimorena, 

señores tan egoístas 

que nada nunca les ha pedido. 



—10 — 




Si trazáramos aquí la paradoja de un antiguo refrán 
español que hoy estaría a la moda : 

En este mundo mezquino 
cuando hay para pan 
no hay para vino. 

comprenderíamos el real axioma de ambas sentencias. 

En el mundo actual sufrimos y soportamos una incali- 
ficable consecuencia que los economistas denominan: in- 
flación, deflación, etc.; y lo más curioso resulta éso, se da 
así el caso del antiguo refrán español ya citado. 

Las conquistas del proletariado no han sido coordinadas 
deliberadamente y de ahí el resultado que las masas tengan 
que soportar el encarecimiento de los artículos de primer 
orden. Si los industriales derogaran un tanto su egoísmo, no 
se iba a llegar al extremo que tuvieran que aparecer escri- 
tores que deben despojarse de aquella ridicula significación 
de EL ARTE POR EL ARTE. 

Bien lo decía Jacques Roumain: EL ESCRITOR ES 
A LA VEZ ACTOR Y TESTIGO DEL DRAMA HIS- 
TORICO. Y en medio de las circunstancias el poeta busca 
y crea. Hurga en el folklore — como Llorens Torres, Gui- 
ilén, Graciela Amador, etc. — y encuentra los personajes del 
pueblo. Pero el poeta debe abandonar su ineptitud, despo- 
jándose de todos los refinamientos para ir directamente a 
la acción conjunta de pueblo e intelecto, y nada mejor que 
optar entre la burguesía y el pueblo, por este último. El 
hombre de abajo canta el tango, el tango herido y enlodado 
por una reducida cantidad de musicógrafos que amasan 
¡fortuna mientras vibran los compases de su música dormi- 
na y rítmica, mezcla de son negro, pesado, con influencia 
de tam tam y mezcla de melodía italiana, ora melosa ora. 
lánguida, con reminiscencia de canzoneta napolitana. 

El tango, hijo del candombe, bajo cuyo acentuado ritmo 
nace una coreografía creada por los esclavos africanos, que 
más tarde captó y entremezcló en su danza el malevo, como 
el son cubano, el corrido mexicano, el guarapo portorrique- 
ño, e! merengue colombiano y el zamba brasileño, son obras 



— 11 — 




ele y para la liberación económica <le América que el inmen- 
so pulmón del pueblo continental cantará, un día no lejano, 
de un extremo hacia otro. 

Virginia Brindis de Salas así lo ha comprendido, y dice 
en el poema con que inicia su libro : 

Hijos del suelo americano 

blancos y negros hermanados; 

Tomad mi cuerpo, 

quebrad el espasmo de la gruta del miedo 

que a vuestra carne encierra. 

Confirma, después de s usaludo a los pueblos america- 
nos, que luchar por la reivindicación social de las masas, no 
es cosa estéril, como creen y afirman ciertos escritores que 
olvidan su origen humilde y se desclasan. Al crear sus tan- 
gos, Virginia B. de Salas ( acentúa a sus figuras inoculadas 
de lo bárbaro nuevo de nuestro tiempo, y es diáfana en su 
expresión que es también una nueva modalidad, pues pue- 
de mirarse en ella como al través de un cristal. Dice en su 
tango N 9 1 : 



Turbación de cuerpos adheridos 
el cadáver de una noche. 

Ayer tambor, 
hoy danza; 
tenue langor, 

Alabanza. 

Ciertamente, cuando el tango difamado por su letrilla 
procaz la mayoría de las veces, sea realista y se deje de ad- 
herir, desde su gama melódica y la fuerza altisonante de su 
contrapunto, BARRIGA A BARRIGA; de la pueril alaban- 
za o del amor fementido que lo hace canción, cuando deje 
todo eso a un lado será para entonces el tango que entona- 
rán vbailarán a un mismo son los pueblos del Río de la Pla- 
ta. Pero sería preciso antes desprejuiciarnos todos. Y es la 
única manera en que los escritores, lejos de soñar y blasfe- 
mar con y contra la remuneraciones oficiales, puedan reali- 



— 12 — 




zar una verdadera obra de reeducación del espíritu y aún de 
la misma FORMA. 

La evolución poética es abiertamente censurada por los 
intelectuales que saben llenar sus panzas aunque contem- 
plan seudosorprendidos la vacía que lleva su prójimo. 

Es hora en la que deben señalarse caminos. Fundamen- 
tar la estructura del realismo y diseñar — si se es poeta — 
la plástica del verso sin alegorías, tal como la ven los ojos, 
tal como se siente, sin mistificaciones. 

Indicar sobremanera los yerros del hombre — plasma- 
dos en la plataforma falsa que estructuran los regímenes 
políticos hipócritas que asolan a las multitudes — . Para ello 
hay que ser veraz como positivo. Y allí, sin mayor esfuerzo 
se penetra en la cámara de la nueva forma, la nueva ética, 
la nueva expresión — muera la estética — y esa nueva ex- 
presión en nuestro medio la da Virginia Brindis de Salas. 

Y esto se puede corroborar en su “Canto para un mu- 
chacho Negro Americano del Sur” : 

Muchacho con orgullo de Bantú 
que cantas: 

Ya ho . . . , 
ge . . . , ge 
ge • • • , ge 
Tango. 

Abuelito 

gramillero, 

siempre lo recuerdas tú 
dile a este muchacho americano 
qué era el Bantú. 

V irginia Brindis de Salas en ese canto troncha el tradi- 
cional lazo del prejuicio racial, el mismo que al decir de 
Martí, relega, degrada, divide a l a gran masa humana. 
Nuestra poeta cree que es preciso historiar y ubicar en su 
lugar al auténtico personaje que dirá por su ¡propia boca 
cómo se deshace una tradición absurda. Y ella increpa a la 
voz antigua del africano trasplantado, trasladando más tar- 
de su resultado al papel. Y él mismo es indeleble: 



— 13 




Abuelito 

Gramillero, 

díselo, díselo tú 

a este muchacho americano 

como era el Bantú. 

“Pregón de Marimorena”, presenta a una intensa poeta 
que surge en Virginia Brindis de Salas, colocándola en pri- 
mera instancia entre las mujeres poetas de América que han 
sabido evolucionar y desde ya puede sumarse al acervo tras- 
cendental político-social de la cubana Mirta Aguirre ; la me- 
xicana Graciela Amador; y la única nuestra: Selva Márquez. 



JULIO GUADALUPE 




BALADAS 




CANTO A VIRGINIA BRINDIS DE SALAS 



Virginia dolor de nombre. 
Virginia de algodoneros. 
Canto en sonido de lonja. 
Tristeza en repique lento. 

Voz de la América nueva 
en Changó de los abuelos. 
Grito del Sur y del Norte 
en talla de fino ébano. 

El Songoro Cosongo suena. 

Y él, profetiza el alba. 

Venas que abren en ríos, 
llegan de tierra antillana. 

Virginia; tus ojos miran 
picapedreros mulatos. 

Dolor en los cafetales, 
manigua plena de esclavos. 

Traspasas la selva libre. 

Te internas en los ingenios. . 
Recoge la voz de siglos, 
llanto de barcos negreros. 

Candombes del coloniaje 
Compás del Yambo Cumbá 
Trae a tus versos Macumba 
dolor de raza ancestral. 

Virginia del canto fuerte 
Virginia voz musical. 

Pregón de Marimorena 
en himno de Libertad! 



Elvira Comas Vieytes 




A LA RIBERA AMERICANA 



Cuántos años vieron mojar mis pies 

las aguas salitrosas 

que bordan la ribera americana. 

La carne de mi cuerpo 
bañada en agua hermana, 
bautismo de este río 
que como mar se ensancha 
para buscar en la ribera 
de América, su senda ancha. 

Cuántos barcos al pasar por el ancón 
y por la playa 
abrieron, desmesurados 
grandes ojos 

y entre el cantar de marineros en su borda 
a toda la ribera del itsmo saludaron. 

Mi piel quemada, que besar quisieron, 
ebria de soles matinales 
se ha sumergido mar adentro 
saturada de sales 
y de encuentros. 

Vamos por la ribera 

de esta América indígena y mulata 

en pos de la vereda 

que todo lo mata. 




El pecho fuerte y los brazos siempre abiertos; 

macho y hembra; 

multitud, barcos y puertos; 

y una bandera 

de un solo color 

hinchada al viento; 

y las gentes en los barcos 

a babor y estribor 

con sus torsos desnudos 

teñidos de sangre por escudo. 



Que el pecho inflame 
la paz redentora 
y diga a todos: id ahora; 
que nuestra sangre se derrame 
sin demora. 



Hijos del suelo americano 
blancos y negros hermanados; 
tomad mi cuerpo, 

gustad el sabor de mi carne morena; 
quebrad el espasmo de la gruta del miedo 
que vuestra carne encierra! 

Sed nuevos prometeos ; 
venid como Espartaco 
que América en su nervio 
desata sus canciones 
que dicen los deseos 
de un mundo amplio, nuevo, 
sus nuevas rebeliones ! 



— 18 — 




Quiero posar mi pie morena 
en la ribera de los lares 
de América, infinita 
y verla que del suelo 
se levanta 
en sus talleres, 
sus fábricas, 
sus minas 

y de un formidable pulmón 
de voces femeninas, 
que aprieta el fuelle 
con manos masculinas, 
oír la canción 

en los caminos y en los muelles, 
plena de redención! 



— 19 — 




ES VERDAD, SI SEÑOR 



¿Que yo soñé en los caminos 
como Antonio y Federico 
y Nicolás del Caribe 
y Palés de Puerto Rico? 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 

Un camarada de ensueños 
a nadie le quita nada; 
vivir y ansiar no es beleño, 
ni menos ser camarada. 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 

¿Que en Cuba bailan el son 
y en España el fandanguillo ? 
¿Aquí el' tango dormilón 
y el guarapo en Puerto Rico? 

Si señor, es verdad; 
es verdad, si señor. 

Hoy los hombres trabajando 
se asemejan a gladiadores 
pues se lo pasan luchando 
con patronos y mediadores. 

Si señor, es verdad; 
es verdad, si señor. 




Las leyes son aceptadas 
y puestas así en vigencia; 
mejor estarían archivadas, 
si es la misma consecuencia. 

si señor, es verdad. 

Es verdad, si señor; 

Que vaya y coma pescado 
cuando la carne le falta; 
sea el gula bien loado 
mentras el hambre asalta. 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 

Qué capricho el de los hombres 
que dominan las finanzas: 
“pero, si aquí no hay pobres, 
“todos criamos buena panza”. 

Lo dice sin un dolor 
un político y “dotor”. 

Hay quién vive para comer 
y quién come para vivir; 
quién ve para creer 
y quién lucha para sufrir 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 



— 21 — 




¿Que yo soñé en los caminos 
con Antonio y Federico 
y Nicolás del Caribe 
y Palés de Puerto Rico? 

Es verdad, si señor; 
si señor, es verdad. 




LA HORA DE LA TIERRA 
EN QUE TU DUERMES 

(A los escritores del Uruguay) 

La hora ciega a lps otros 
que viven del otro lado. 

Amigo, quítate la venda 
quítate la venda 
que a ti te ciega en este, 
quítate la venda. 

Es hora de dejar libres 
pasiones y ocios mentales. 
Amigo bulle mi sangre 
mientras la tuya se estanca; 
quítate la venda, quítate. 

La hora sangró la tierra, 
fortalece una simiente; 

¿qué cosecharán tus manos, 
tus dos manos bien inertes? 

Ay, ven por el cuesta arriba 
que fácil es cuesta abajo 
ir llevado por el viento 
del triunfador justiciero. 

Busca perlas en la luna 
en su luz anacarada 
baja tu vista a la tierra 
que ella da luz escarlata. 



— 23 — 




Busca el lirio entre los vientos 
que amortaja las montañas; 
con tu cuerpo en sus entrañas t 
muerto un cuerpo mil y un muerto 

Es la hora del de abajo 
y aquí no hay napoleones 
ni dianas abanderadas 
donde rugieron cañones 
y socavaron la tierra 
cientos de miles de bombas 
desprendidas en los aviones. 

¿Dónde están los sentimientos? 
Allá en los ríos que sangre 
se echó a correr por sus cuencas. 
Corre el vocablo en el viento. 

Quítate la venda, quítate; 
quítate la venda de tus ojos. 

No dejes morir tu mente 
que idealizó el pensamiento; 
la hora trae su angustia 
por mar y aire, ya es tiempo. 

Quítate la venda, quítate. 

Amigo todo es materia 
y ella golpea a la puerta 
de tu corazón herido 
en esta hora tan cierta. 



- 24 -- 




EL PAN LEGENDARIO 



¡Oh pan que comer no te dejas 
y pareces un producto 
que fabrícase en leyendas 
y no en las panaderías. 

A la mejor hilera humana 
de dientes le apeteces. 

Qué hermoso tú pareces 
oh pan entre esos dientes! / 

Eres mejor amado, 
eres mejor comido, 
eres bien masticado 
y mejor digerido. 

Porque tú nunca sobras 
y te echaji muy de menos 
aunque no siempre, a veces, 
en mesas aritméticas 
de hogares proletarios. 

Los niños bien saben 
el sabor que tú tienes. 

Y a sus progenitores 

sudor y fatigas les cuestas; 

muchas cuestas 

que son un cuesta arriba. 



— 25 — 




Provienes de la espiga 
que nace en tierra firme, 
de una hermosa semilla 
que plantó el hombre humilde. 

Después vas al molino 
donde pisan el grano 
que queda convertido 
en alba harina 
que va hacia las bateas 
de las panaderías. 

Tú haces vibrar el canto 
más dulce en las poleas 
de los esclavos blancos. 

Después entras al horno; 
tu júbilo es de un día 
que duras o no duras 
en las estanterías. 

Esperando te quedas 
para ir a las mesas 
hasta que unas monedas 
te llevan con sorpresa. 



— 26 — 




PREZ PARA LOS NIÑOS 
SIN CANTO 

La miasma sube el tono 
en el viejo conventillo. 

Entre vahos y ratas 
los niños de mi raza 
están jugando “a gatas”. 

Los “blancos” del vecino 
del androjoso patio 
se acercan a mis niños 
y allí están hermanadas 
dos “razas” sin cariño. 

Forman un corro alegre 
de vocesitas tiernas. 

Sus caras a la vez 
parecen un tablero 
humano de ajedrez. 

Se semejan a esos patios 
de las viejas casonas 
el piso blanco y negro 
que así visten austeros 
los más amplios mosaicos. 

Allí están mis niños, 
ellos son los más pobres. 

En ese patio inmundo 

todo destartalado 

no hay hamacas, ni muñecos . . . 



— 27 — 




Si en sus cuartuchos viejos 
escasea el pan seco! 

Quiero la cabecita 
besar del niño negro 
y darle así mi tierno 
calor. Que circule su sangre 
en este amargo invierno. 




CRISTO NEGRO 



Metralla contra metralla 
“que a,mor con amor se paga”. 
¿Un camello? Ojo por ojo; 

¿a qué parábolas del cielo? 

Cristo negro manoseado 
por la audacia y por la fuerza, 
dejarás tu mansedumbre 
de cordero y tu vergüenza. 

Y fuerza contra la fuerza 
ruede el látigo por tierra, 
quita la hiel y tu miedo; 
caiga piedra sobre piedra. 

Sangre y llaga mucho enseñan. 
Mejor amo es la Justicia 
que las lágrimas del valle 
del esclavo venerable. 

Como al lirio le trajeron 
a la tierra, a ti te dieron: 
en el pecho, en las mejillas, 
del señoreo mancillas. 



Metralal contra metralla 
“que amor con amor se paga”. 



— 29 — 




EL CERRO 



Como un gigante se emplaza 
entre la rada y el mar: 
falda y cerro, carne y grasa 
al fondo de la pleamar. 

Mas, ¿quién le dice a tu suerte 
y a tu cumbre portentosa 
que eres la mala muerte 
Cerro, trabajo y fosa? 

Pared y techo de adobe 
que tirita en los andrajos; 
¿truán que la vida robe? 
señor en los barrios bajos. 

Cima y falda, fortaleza 
entre el pez de la bahía 
que engulle la milloneza 
sanguínea fábrica al día. 
Despierta la dura tierra 
vapor de bronca sirena; 
otros que llegan y encierran 
la vida entre cadenas. 

Manos rudas y crispadas 
por costra de la cadena; 
máscaras desencajadas 
y labios sin decir pena. 
Domingos de la miseria 
abren niñas de los ojos 
y sangre dan las arterias 
torne si o no al despojo. 
Tumulto de muchas cosas 
y habitación miserable 
donde la vida reposa 
en la vida deleznable. 




SOMBRAS 



(A los marinos de la Unión, Sovié- 
tica; de Estados Unidos, China y 
Francia Liberada e Inglaterra, que 
cayeron para siempre en todos los 
mares del mundo por la libertad.) 



Rostros sin un a mueca 
con manchas escarlatas 
van y vienen en la noche 
más densa del siglo veinte 

Labios sin una queja 
en alas de blanda muerte ; 
bólidos surcando el cielo 
zahiriendo al “Padre Eterno”. 

Cuerpos convulsos, magros; 
bocas sin un sonido, 
ojos que miran siempre 
hacia la noche aguda. 

Pies y manos que molieron 
los días en los talleres 
se detienen, se detienen 
crispados en duros sueño. 

Yo sé que hubo un día 
en el campo, en las ciudades, 
remolinos de quimeras 
en los hombres que se fueron. 



— 31 — 




Como yo se ilusionaron 
y miráronse a los ojos 
cara a cara con sus dones 
como en aguas de un estanque. 

El mar al piélago arrastra 
sus pobres humanidades; 
y en la tierra socavada 
de a centenares se pudren. 

Cuando veas una sombra 

en mitad de tu camino 

y te hable, no te asuste 

que no es fantasma, es un hombre. 



— 32 -- 




MADRIGAL 



Tú miras mi carne morena 
con ojos que son dos ascuas; 
quisiera ser una fuente 
donde escancies sed de ansias. 

Quero quemar la sangre 
de mis venas en el trópico 
de tu frenesí trashumante. 




SEMBLANZA 

¿De dónde provienes tú 
pasionable y exaltada? 

Tu sangre vió los ardores 
de la Nigeria espectante. 

Convada 

y de ébano arrogante 
el mapa de tu mirada. 

Tus axilas aromadas 
vegetación de la seiba. 

Paso de culebra 
tus caderas, 
muchacha negra. 



34 — 




PREGONES 




PREGON NUMERO UNO 



Toma mi verso 
Marimorena 

yo sé que lo has de beber 
como una copa de alcohol, 
a cambio de él 
quiero tu angustia 
Marimorena. 

Quiero tu angustia, 
quiero tu pena, 
toda tu pena 
y el tajo de tu boca 
cuando ríes 
ccímo una loca 
Marimorena, 
toda ebria 
más que de vino, 
de miseria. 

Tu voz, 

que nunca arrulló 
a tus hijos 
ni a tus nietos 
y es voz de paria 
arrulla mimosamente 
toda la prensa diaria. 

Y no hay quien te haga callar 
por dos vintenes un diario 
no hay quien deje de comprar 
para aliviar tu sudario. 




Déjame ver tu cara 

Marimorena, 

que la atención acapara 

causando lástima y pena. 

Cuánto te deben 

Marimorena, 

esos que escriben 

y que tú pagas 

con tus vintenes, 

con tus pregones, 

por la mañana 

y por la tarde 

miles de veces; 

en cambio tú 

pagas con creces; 

su periodismo, 

su propaganda politiquera 

todas sus lacras, su egoísmo, 

sus fementidas torpes carreras. 

Marimorena 

todos los días vende los diarios 
tiene una pena 
Marimorena 
y es su sudario. 



— 37 — 




PREGON NUMERO DOS 



A las seis de la mañana 
por las calles de la, ciudad 
gira una voz por el aire ; 
pregón de Marimorena. 

Qué noticias, qué noticias 
del mundo trae la prensa? 

A las cinco de la tarde; 
pregón de Marimorena 
como campana, sonora 
de los barrios populares; 
pregón de Marimorena! 

¿Quién te dio morena vieja 
esa hermosa gritería 
que sale de tus pulmones 
agitando noche y día 
del mundo las sensaciones? 

Pregonera de esperanzas 
con los diarios bajo el brazo; 
dos vintenes y una chanza 
que tú olvidas calle abajo. 

La noche de los suburbios 
en tu mente es rediviva; 
danzan corazones turbios 
para que otros vivan. 



— 38 — 




Qué saben los “redactores” 
cómo se vende un diario, 
políticos o “doctores” 
después del abecedario? 

Tú, negra, analfabeta, 

Marimorena, 

día a día, jeta a jeta, 

las calles llenas 

con pregones sandungueros; 

en la mañana primero 

y por la tarde después 

durante los treinta días 

o treinta y uno del mes. 

No hay sol que te arredre nunca, 
ni lluvia que te aglutine, 
y si se empapa tu nuca 
o chapotean tus botines, 
vas adelante y pregonando 
como heraldo en los mítines 
y es un concierto tu anuncio 
de todos los diarios juntos. 

Cuando un señor de la prensa 
pase a tu lado y te oiga 
que no se escape de ésta 
y tus pregones desoiga: 
para cuando tú no puedas 
gritar el diario que escribe 
pues sin el pan te quedas 
y a ti nadie se suscribe. 




Dile que en las columnas 
del dario que ellos fabrican 
pueden reclamar sin duda 
jubilación para el canillita. 

Pues pan para el que trabaja 
y que trabajó en su vida 
y que bregue por la caja 
en la cámara en seguida; 
y que siempre lo recuerde 
que pioneros de la industria 
— la industria del periodismo — 
son todos los pregoneros 
que como tú hacen lo mismo. 

Oigan políticos, 
periodistas, 

que aquí hacen gordas sus vistas 

pues miren cómo ha vivido 

Marimorena, 

señores tan egoístas, 

que nada nunca les ha pedido. 

Pregón, tu pregón pregonera 
de toda la prensa diaria. 
Marimorena, morena 
de mirada estrafalaria. 

Tú haces más que las rotativas 
y más que las linotipos 
que cantan en los talleres. 



— 40 — 




¿Qué harían tantos obreros 
si su labor no vendieras? 
¿Qué harían con el tiraje 
sin tu pregón solidario? 
Administradores y empleados 
y otros cómodos sentados? 

Por dos vintenes un diario, 

Marimorena, 

camino de su sudario. 



— 41 — 




PREGON NUMERO TRES 



Díscola. 

Qué díscola es, 
qué díscola es 
una página de diario; 
díscolas 

qué díscolas son 
qué díscolas son 
también dieciséis. 

El plomo se mecha 
y el tac, tac, tac! 
de la máquina que escribe 
da la línea pronto y hecha; 
después la rotativa imprime 
con el velamen tendido 
del papel abobinado, 
extendido y obstinado; 
y rugen los motores 
sin penas ni dolores: 

Yuhu hu hú, 
yuhu hu hú, 
yuhu hu hú, 
yuhu hu hú, 
yuhu hu hú, 
yuhu hu hú! 

Yuhum 




Cuántas hambres 

que cargan y descargan 

sudados 

y sucios de tinta 
entre perniciosos vahos. 

Arriba 

las linotipos, 
abajo 

las rotativas; 
por allá, por otro lado, 
hacia el ascensor 
un hombre cargado: 
un peón, 
un peón; 
el carguero 
es un obrero 
de la expedición. 

Corre que corre 
por el tren 
a la estación 

un peón, otro peón y otro peón 
de la expedición, 
corre que corre 
a la estación. 

Es que así marchan los diarios a la campaña; 
por unos vintenes 
ay cuánta gente se daña. 

A toda hora salen los trenes, 
para campaña. 



— 43 




A las seis de la mañana 
ruge en la calle un pregón; 

¡ ah, pregón, 
qué pregón! 

Cuando la gente va al trabajo; 

es una canción 

que siempre oye el de abajo 

camino de su jornada; 

y es un atajo 

para el hundimiento 

de su sentimiento 

para el hundimiento 

de su pensamiento; 

es un atajo 

cuando la gente marcha al trabajo. 

Las poleas 
dicen su pregón; 
la ralea 

del proletariado 
deja su jergón 
para cantar 
su cuotidiano pregón. 

Díscola. 

Qué díscola es, 

una página, de diario 

que el canillita ofrece 

con su pregón extraordinario. 



— 44 — 




Y Mari Marimorena 
qué Mari con su pregón; 
¡qué antena! 

Y Mari Marimorena 
qué Mari con su canción, 
¡tan ajena! 

Y Mari Marimorena 
Que Mari predisposición; 
¡franca y plena! 

Y Mari Marimorena; 
qué Mari mezcla de sol, 
¡y luna llena! 

Y Mari Marimorena; 
qué Mari de triste voz 
ay qué pena! 

Y Mari Marimorena 
qué Mari que no logró 
aún su cena! 



— 45 — 




TANGOS 




TANGO NUMERO UNO 



Turbación de cuerpos adheridos, 
el cadáver de una noche. 

Ayer tambor, 
hoy danza; 
ténue langor, 
alabanza. 

Tambora 

agitada en el solar, 
sonora 

tambora chás chás. 

El puñal del violín 
se clava en el alma del piano 

Rueda de gallo, 
tribu 

en el ostracismo. 

Ay Don Rafael de Sobremonte 
¿quién los junta? 

¿quién junta, 

quién vio tantos negros juntos 
alrededor de un tambor? 

Ay Don Rafael de Sobremonte! 

Tango 

tango, tango, tango. 



— 48 — 




¿Quién junta, 
quién los junta 

quién junta la música y el danzón, 
al hombre y la mujer 
pies y pecho? 

Idolo bandoneón. 




TANGO NUMERO DOS 



Qué ojeras 
tiene la noche 
en las caderas 
del tango. 

Tambor 

que gime en el piano 
y es canto 
en el bandoneón. 

(Danza, 

que bailaron los esclavos, 
parche y ritmo 

en su elemental rueda de gallo) 

Yimbamba — yimbamba 
yimbamba — yambambé ; 
son de tus caderas 
y tus pies. 

Ahéeé, 

canta el chico 
Ahóoó, 

canta el “piano”. 

Yumba que yumba 
yumba que yumba 
yumba que yumba 
yumba que yumba,. 
chás - chás ! 



— 50 — 




Qué ojeras 

tiene la noche 

que se va descaderando 

con un tango dormilón. 




TANGO NUMERO TRES 

Guitarra, 
bandurria, 
teñidas de vino. 

Los lupanares del puerto 
sus hangares os han abierto. 

Entre el vaho de los alcoholes 

que hieden los marinantes 

borrachos de cinco soles, 

bandurria, 

guitarra : 

el pulpo de 

nuestra música 

al trashumante desgarra. 

Guitarra, 

bandurria, 

que habéis bebido tanto! 

Alma de barrio pobre, 
alma de sotabanco, 
quiénes os pulsan 
se conforman 
con unos míseros cobres. 

Tango 

que das tristura 
al café cosmopolita. 

Músicos errabundos 
te llevan sobre sus hombros, 
por todos los caminos. 

Guitarra y bandurria 
dos pipas de vino. 




CANTOS 




CANTO PARA UN MUCHACHO NEGRO 



AMERICANO DEL SUR 

Muchacho con orgullo de bantú 
que cantas: 

Ya ho . . . 
ge , ge ... , 
ge ... , ge ... , 
tango ! 

Abuelito 

gramillero, 

siempre lo recuerdas tú; 

dile a este muchacho americano 

qué era el bantú. 

En los galeones negreros 
vino, 

engrillado en sus sentinas 
sin un adiós a la tribu 
ni a la manigua. 

Abuelito 

gramillero, 

díselo, díselo tú 

a este muchacho americano 

cómo era el bantú. 

Ya ho . . . , 
ge..., ge..., 
ge..., ge ... , 
tango ! 



— 34 — 




U N G U E T 



Tu corazón 

arrulla, como el caracol 
la vida del mar, 
el patio y el zaguán 
de nuestra casa. 

Unguet, 

quién te viera pasar 
como una vara, de mimbre 
en el tembladeral. 

Niña mi niña 
recental de viejos seres 
nacidos en la manigna. 

Cuando tú puedas contar 
lo que tus ojos vieron; 
cuando tú puedas cantar 
lo que tus oídos oyeron, 
como el caracol 
el susurro del mar. 

Qué lejano mar, 

para tu inquietante andar 

Unguet, 

como una vara de mimbre 
hija del viento 
en el tembladeral. 




Y que tú puedas decir 
Rengúela o Mozambique 
sin tener que maldecir 
el barco que se va a pique. 

Unguet, 
hija sureña; 
en el invierno 
frío, 

en el verano, 
estío, 

La vena tropical 
de bisabuelo 
seca y ancestral. 

Este es tu suelo. 



— 55 — 




LA CONGA 



Tamborilero bate, 
bate la lonja, lonjá. 

Deja correr el río 

que se desagua en tu frente. 

Dale negra, dale ya 
que es la conga del solar. 

Tamborilero bate, 
bate la lonja» lonjá. 

Mira que hermosa figura 
hace la niña al danzar; 
su cabellera teñida 
parece espuma en el mar. 

De ese meneo 
de su mareo 
un marinero 
en un temporal. 

¡Jesús, María, barbaridad! 

Pollera 

enagua, 

agita en el aire 
el remolino de su danzar. 

Rubia la niña 
pálida y grácil 
como una vela 
de catedral. 



— 57 — 




Como la llama 
rutila en vano, 

¡ Cristo!, 
sus manos 
quieren hundirse 
por todo el aire 
buscando el fuego 
que a ella le quema 
pies, sangre y venas 
y su cabeza 
ya trastornada 
gira y más gira 
toda embotada 
en las sincopadas 
de su danzar. 

¡Mira qué cara 
negra Manuela! 

Mira qué cara 
pone la niña 
junto a la conga 
y a los congueros; 
los tamboreros 
en ella dibujan 
las contracciones, 
sus expresiones, 
que hacen sumisa 
a esa “pobre niña” 
girar danzando 
como una noria 
en el vendaval. 



— 58 — 




Negra Manuela, 
mira a tu amita; 
va doblegada 
en un tumulto 
de saxofones. 

Está embriagada 
como con jora (1) 
y adobada 
está de canela, 
jengibre 

aroma de selva en flor. 

Si hasta parece su cabellera 

que al entrar era 

rubia, sedeña 

en croquiñol 

estar teñida 

en aros de humo 

cuando conturba 

todo su cuerpo; 

sus prominencias sobresalientes 

del pecho al vientre 

que trecho a trecho 

recorren libres: 

estar al acecho 

del duro diente 

del apetito. 




¡Negra Manuela, 
mira la conga 
cuando la niña 
tu amita danza! 

Toda deshecha 
tira su carne 
que a los costados 
se balancea . . . 

¡Mira la niña! 

Quién no lo crea 
oiga los parches 
batir por ella 
lejos del suelo 
de la manigua. 

Oiga los parches batir por ella. 

¡Bah!, si supiera 
en su forma ambigua 
que ella de negra 
quiere vestirse, 
oler a grajo 
y a noche ardiente; 
toda sedienta 
toda ferviente 
junto a la conga 
y a los congueros; 
junto a la lonja 
a los tamboreros; 
toda inconsciente 
toda resuelta. 



60 — 




¡Hasta la cara 
se le da vuelta! 
Con estridencia 
da la trompeta 
ritmo y cadencia. 

Baila tu amita, 
negra Manuela. 

Se van las luces 
ya de la noche. 

Ay, y la llevan 
negra Manuela 
hasta su casa: 
en parigüela! 




¡aleluya; 



Coro redentor que clamas 
desde Las Antillas 
hasta el Plata 
y el río como mar 
exclama : 

¡Aleluya! 
Pueblo americano 
yo soy tuya, 
nací en ti 
pues por ti voy 
y digo así: 

¡ Aleluya ! 

Qué de gente 
hay en la calle, 
y no hay nadie 
que silencio 
guarde. 

¡ Aleluya ! 

Son muchos 

los que van a trabajar 
y muchos son también 
los que apenas comen 
y quisieran cantar: 

¡Aleluya! 

Piernas 

para caminar yo tengo 
que no se detendrán 
yo voy y vengo 
sin cesar. 

¡Aleluya! 



— 62 — 




Yo negra, 

tú blanca, mujer americaina 
la misma sopa 
habremos de comer 
durante días y semanas; 
lo mismo tú, mujer 
de Europa, 

has de comer igual que yo 
la misma sopa, 
y tendrás la misma fe 
y la misma ropa 
y has de beber tu vino, 
en igual copa. 

¡Aleluya,! 

Qué de gente 
habrá en las calles 
cuando salgan a batir 
los parches de los pechos 
por el aire. 

¡ Aleluya ! 



— 63 — 




Este libro se terminó de imprimir 
por la Compañía Impresora 
S. A. (C.I.S.A.), Isla de 
Flores 1580 bis, el 26 de 
Mayo de 195 2. 

Mqnte video 

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PRECIO DE VENTA. 

S 1 . € €